miércoles, 22 de diciembre de 2010

Capitulo 8 - Simple Mortal


Esta mañana cuando desperté todo se sentía diferente… Tenía la sensación de que algo había sucedido la noche anterior, todo estaba tan silencioso… Como me había levantado media hora más temprano de lo usual decidí ponerme a leer el diario de mi abuela. Tuve la extraña idea de comenzar a leerlo desde el final, el último día en el que había escrito era el 14 de Enero de 1988; justo el día en el que mi mamá cumplía 18 años. Al ver la fecha me agarró intriga de porque no había seguido escribiendo después de eso y comencé a leer. Decía que a los 18 años se completa el cambio de simple mortal a hechicera. ¿O sea que ese día mi mamá recibió todos sus poderes? Decidí seguir leyendo para informarme más sobre los poderes que se adquirían, pero me llevé una enorme sorpresa; mi madre había logrado convertirse en bruja pero había decidido renunciar a sus poderes. Al parecer, le traían más problemas que soluciones. No veo por qué, esto parece ser simplemente fantástico. Continué con la lectura de páginas anteriores y descubrí que la transformación empieza a los 17 años, con la posibilidad de ver un aura alrededor de las personas con las que tenemos un vínculo muy fuerte que nunca podría romperse, solo modificarse. Decía que si se veían luces rojas era porque esa persona era miembro del vínculo familiar o que la relación con esa persona estaba en el mismo nivel que la relación que uno posee con un miembro de su familia. Luego decía que si lo que se veía era un aura de color verde, significaba que esa persona iba ser nuestra guía en la vida, también decía que era un aura muy difícil de ver y que para lograrlo deberíamos estar mirando con mucha atención. Más adelante se explicaban las auras doradas, que eran las de aquellas personas para las que nosotros éramos como una guía en la vida. Y por último, el aura del amor de tu vida… azul claro, de todas formas en el libro decía que este tipo de auras era confuso; ya que podíamos confundirla con celeste, que simplemente significaba que con esa persona tendríamos una gran afinidad y que seríamos excelentes amigos. ¿Sería Chad el amor de mi vida? ¿Por qué mi mamá había renunciado a sus poderes? ¿Qué otro poder conseguiría con el pasar del tiempo? ¿Cómo puede ser que nunca supiera que todo esto era real? ¿Por qué mamá lo había mantenido todo en secreto? Demasiadas preguntas rondaban por mi cabeza y no tenía respuesta para ninguna de ellas. Miré la hora, ya eran las siete; tenía que apurarme o llegaría tarde. Me puse mi uniforme con rapidez y me fui sin desayunar. Pasé por la casa de Chad y lo encontré justo cuando estaba saliendo. Nos dirigimos a todo lo que da hacia el colegio mientras que le contaba todo lo que había descubierto en el camino, o casi todo, porque no estaba segura de que mencionar lo del amor de mi vida fuera muy conveniente si aún no estaba segura de que él lo fuera.
Como de costumbre las horas que pasamos en el colegio fueron aburridas. Lamentablemente hoy no pudimos ver a Madeleine como nos hubiera gustado porque hoy tenía que trabajar en otro colegio; así que hoy, estábamos solos en esto. Como era de esperarse al no estar ella presente no pasó nada sobrenatural dentro del instituto. Así que simplemente volví a casa y me encerré en mi habitación a pensar. Estaba muy confundida. Con el transcurso del día había llegado a la conclusión de que si me convertiría en una hechicera tendría que encargarme de todos estos conflictos mucho más seguido como lo hacía mi abuela. Así que tenía dos opciones, y solo un año para decidirlo. ¿Iba querer vivir como mi abuela ayudando a fantasmas confundidos a cruzar al otro lado? ¿O iba a preferir la vida que mi mamá había elegido, la de ser… una simple mortal?

domingo, 26 de septiembre de 2010

Capitulo 7 - ¿Cómo Puede Ser Que Mi Mamá Nunca Me Haya Dicho Eso?



A la mañana siguiente me desperté muy abatida, había tenido un sueño muy raro. Miré la hora, eran las cinco y media, todavía tenía suficiente tiempo para darme una ducha. Fui al cuarto de baño y dejé que el agua callera sobre mi piel. Ahora me sentía mucho mejor, pero sabía que no duraría demasiado tiempo. Después de relajarme por una hora bajo la ducha, decidí vestirme y bajé a desayunar. Aunque como de costumbre no tenía hambre, decidí tomarme un buen café con leche y unas tostadas con manteca. Al menos eso me mantendría despierta. Después de todo, me había dormido más tarde de lo normal anoche y hoy me había despertado más temprano que el resto de los días. Así que si quería mantenerme despierta durante la hora de matemática, el café era indispensable. Fui a buscar mi mochila y cuando me estaba despidiendo de mamá note que algo no estaba bien. Alrededor de ella se veían un montón de luces de un rojo suave. Pero en el momento en que me tocó el brazo preguntándome si me encontraba bien las luces desaparecieron. Me quedé atónita, pero no podía decirle lo que me pasaba, así que simplemente simulé haberme quedado tildada y me fui.
En el exacto momento en el que cerré la puerta de mi casa Chad estaba saliendo de la suya. Nos saludamos de lejos y luego me dirigí hacia donde él se encontraba. Cuando nos encontramos simplemente nos miramos el uno al otro por un instante. Se sentía perfecto. Casi creí que lo era, hasta que luces similares a las que habían aparecido alrededor de mi madre fueron tomando forma, la diferencia es que las de Chad eran de un azul claro. Esto estaba comenzando a asustarme, así que decidí contarle lo que había pasado minutos antes. Le pareció raro, pero no se sorprendió tanto como creí que lo haría. En fin, Chad y yo necesitábamos hablar. Lo que había pasado ayer no podía quedarse como estaba, estaba a punto de hablar pero él me ganó de mano
– ¿Vamos a hablar o vamos a fingir que nada sucedió?
– Estaba por hacer exactamente la misma pregunta… ¿Qué quieres?
– Lizzie, yo te quiero a ti
– Y yo a ti, pero…
– Quiero estar contigo Lizzie ¿Y tú?
– Yo… Sí… Supongo… Yo… Claro que quiero estar contigo Chad –Él simplemente sonrió, luego me abrazó, me dijo que me quería, y me dio un beso. Entre tanto se me ocurrió mirar mi reloj pulsera y faltaban cinco minutos para llegar al colegio, así que tuvimos que correr para llegar a tiempo. Durante la hora de matemática estuvimos bastante tranquilos. No pasó nada sobrenatural. Pero cuando salimos al recreo vimos a la señorita Madeleine sentada en un banco llorando. Después de lo sucedido por la mañana, había estado tranquila todo el día de ayer; pero hoy por la mañana había encontrado en el espejo rallado miles de veces la palabra
– PERDON –Dijimos Chad y yo a coro y antes de que nuestra profesora pudiera decir nada más
– Exactamente… Pero ¿Ustedes cómo lo sabían?
– Porque ayer en mi casa pasó lo mismo, y muchas otras cosas…
– ¿Cómo que pasó lo mismo?
– Sí, estábamos en casa de Lizzie y comenzaron a pasar muchas cosas extrañas… Llegamos a la conclusión de que fue un fantasma y… –Antes de que Chad pudiera decir nada más sonó la campana y tuvimos que volver a los salones. Por suerte tuvimos inglés, la cuál es una clase que no requiere demasiada concentración ya que desde primer año estamos trabajando los mismos temas. Al principio estuvo todo tranquilo pero en un momento la profesora estaba explicando y se puso toda blanca, y comenzó a escribir, en cuánto escribió la primera letra sabíamos exactamente lo que estaba pasando. El fantasma la había poseído para que escribiera la palabra Perdón. En cuanto salió del transe borró la palabra sin comprender del todo quien la había escrito pero no dijo nada, simplemente se sentó y siguió con su clase. En cuánto termino la jornada escolar fuimos a mi casa para intentar develar el misterio. Por suerte pudimos hacerlo en paz, ya que, aparentemente hoy el fantasma había decidido no molestarnos nuevamente. Espero que no le haya causado más problemas a Madeleine… En fin, Chad y yo estuvimos revisando las cosas de mi abuela para ver si se nos había pasado algo y por sorpresa nuestra, había un libro que no habíamos visto. Era negro y tenía el nombre de mi abuela escrito en dorado, dentro de él había un montón de cosas escritas. Parecían recetas; en cierta forma lo eran, pero no tenían nada que ver con comida. Eran hechizos. Ése era su diario. Mi abuela era una hechicera. ¿Cómo puede ser que mi mamá nunca me haya dicho eso? Tenemos que hablar pensé No puede ser que mi abuela fuera una hechicera y mamá no me lo dijera. Estaba muy enojada con ella. Esa podría ser la explicación a lo que me pasó con los colores. Tengo que averiguar más. Quizás debería leer algunas de las cosas que mi abuela escribió en su diario. A las seis de la tarde Chad se fue a su casa y yo me quedé haciendo algunos ejercicios de inglés que no había completado. Hoy mamá llegaría tarde del trabajo así que comí un sándwich que me había dejado preparado en la heladera y me fui a dormir. Mañana hablaríamos, pero por ahora, necesitaba descansar.

viernes, 20 de agosto de 2010

Capitulo 6 - Perdon



Ya estaba preparada la ouija sobre el piso de mi habitación, un anotador y una lapicera por si había que escribir palabras y nuestras manos posadas sobre el indicador. Habíamos acordado que el haría las preguntas porque yo tenía demasiado miedo para eso. Comenzó con lo obvio…
– ¿Hay un espíritu en esta casa? –El indicador se movió hacia el “Sí” y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo– ¿Brian eres tú? –El indicador vibro pero no se movió para ninguno de los lados… ¿Por qué?– ¿Sigues ahí? –Nuevamente se movió al “Sí”. ¿Por qué no contesta quién es? Eso es raro…
– Pregúntale si necesita ayuda
– ¿Necesitas ayuda? –Esta vez el indicador comenzó a moverse a través de las letras y una en una se fue posando hasta formar una palabra… Chad y yo dijimos todas las letras al uníoslo mientras que él las escribía en la libreta
– P…E…R…D…O…N… – ¿Por qué seguía pidiendo perdón?
– ¿Necesitas que nosotros te perdonemos? – Esta vez nada sucedió, parecía como si no nos hubiera oído…
– ¿Sigues ahí? –Nada, simplemente nada. Quizás había decidido que no servíamos para esto y que hablaría con alguien más… Sin embargo, esa palabra seguía dando vueltas en mi cabeza… ¿Por qué la repetiría tanto…?
– ¡A comer! –Mi madre casi nos mata de un infarto. Rápidamente guardamos todo en la caja y la escondimos en el armario. Después, bajamos y nos sentamos en la mesa. Comimos sin decir ni una palabra. Cada tanto alguno de mis padres preguntaba si habíamos disfrutado del primer día y nosotros contestábamos que sí, que había sido igual que el resto de los años. Pero que estábamos felices porque ese sería nuestro último primer día de clases. Apartando eso, la cena estuvo bastante silenciosa y cuando por fin terminamos miramos el reloj y ya eran las diez. Chad tenía que irse, o las cosas iban a ponerse raras. Lo acompañé hasta la puerta y antes de salir me besó. No esperaba eso… Ni tampoco lo entendía… Pero mañana habría tiempo de hablar con él sobre eso. Chad salió y al cerrar la puerta subí corriendo a mi habitación para evitar hablar con alguien. Agarré mi diario y comencé a escribir. Necesitaba descargarme…

Querido diario:
Hoy fue un día de los más raros… No creía que existiera algo más aparte de nosotros. Bueno, en realidad si lo creía, pero no estaba segura de eso… Hasta hoy. Estuve con Chad y un fantasma nos persiguió durante todo el día. Sí, un fantasma. Nos comunicamos con él usando una ouija. Si ya sé, todo esto suena muy raro. De todas maneras no fue lo único que sucedió. Chad me besó y no sé qué hacer con él. ¿Pasará algo más entre nosotros? O sea… Después de esto ¿Podremos ser solo amigos? No lo creo, creo que deberíamos intentar estar juntos. Pero esa decisión no pasa solo por mí. Hay amigo… ¿Qué hago? Creo que lo mejor va a ser irme a dormir y solucionar todos mis problemas por la mañana. ¿Qué podría cambiar de un día para el otro?
Lizzie =)

Si seguía escribiendo iba a acabar durmiéndome en mi uniforme. Acababa de darme cuenta que no me lo había sacado en todo el día. ¡Qué horrible! Mejor me pondría el pijama si mañana quería ir vestida decentemente al colegio. Me puse mi ropa de dormir preferida, me acosté en la cama y me dormí prácticamente al instante.

viernes, 13 de agosto de 2010

Capitulo 5 - ¿Cómo No Se Me Ocurrió Antes?



Durante las últimas horas todo había sido muy raro… Saber que hay un fantasma persiguiéndonos, haber estado a punto de caer por la escalera, que Chad me confiese que me ama… Todo parecía sacado de una película, nada parecía completamente real. Por mucho que quisiera que todo fuera más fácil, la vida es así. Hay veces que tendremos que aceptar que ciertas cosas son como son. Muy bien sabía que no iba poder cambiar el hecho que Brian nos estaba acechando. Lo único que podíamos hacer era intentar solucionarlo… Pero la pregunta era ¿Cómo? Con mi amigo, es decir mi “algo”, o sea… Chad; estuvimos pensando en posibles soluciones. Pero no teníamos mucho tiempo. La noche se acercaba y luego él no podría quedarse conmigo. Una vez que mi computadora volviera a la vida, revisamos formas de comunicarnos con fantasmas y decidimos utilizar una ouija para comunicarnos con Brian. El problema era… ¿De dónde la íbamos a sacar? Era prácticamente imposible que hubiera una en mi casa, mis padres no creían en esas cosas… La única que reía en mi familia era mi abuela. Pero ella había muerto hacía 3 años y todas sus cosas habían terminado en cajas en el sótano… ¡Claro! ¿Cómo no se me ocurrió antes?
– Chad… ¡El sótano!
– ¿Qué tiene?
– Ahí están las cosas de mi abuela, y si no me equivoco ella tenía una ouija…
– Bueno entonces vamos a buscarla…
– Si, vamos–Fuimos hacia la escalera que daba al sótano y bajamos con cuidado, por suerte Brian no manifestó su presencia y pudimos revisar las cajas en paz. Fue fácil encontrar la tabla, mis padres habían etiquetado una caja como “Fantasmas”… Que originales, abrimos la caja y dentro había todo tipo de cosas sobre ellos. Incluso había un diario de mi abuela en el que había escrito montones de información. Aparentemente ella ayudaba a los fantasmas a cruzar al otro lado. Al fondo de la caja había un pequeño anotador con un registro de todos los espíritus a los que había ayudado y al lado de éste había fotos en las que se veía a mi abuela y detrás de ella un montón de sombras. No pude evitar asustarme al ver eso… No sabía si querría sacarme una foto después de ver las de mi abuela. Chad y yo decidimos apurarnos porque ya eran las ocho de la noche y él debería haberse ido hacía dos horas. Además por alguna razón mis padres no habían llegado y eso no pondría muy felices a los de Chad. Simplemente metimos todo en la caja y la cargamos por la estrecha escalera hasta llegar a la cocina. Sacamos cuidadosamente las pertenencias de mi abuela y por último sacamos la tabla. Todavía no sabíamos cómo usarla pero nuestra fiel amiga la internet nos ayudó con eso. Primero teníamos que poner nuestras manos sobre el indicador y hacer una pregunta. ¿Pero qué preguntábamos? Mejor dicho… ¿Por dónde empezábamos? Había demasiadas preguntas que hacerle, primero que nada debíamos asegurarnos de que era él quien se estaba tratando de comunicar con nosotros y luego debíamos preguntarle por qué. Si era él ¿Por qué simplemente no hablaba con Madeleine? Era demasiado para una noche. Así que teníamos que empezar en ese preciso momento
– Es ahora o nunca…–Le dije a Chad
– Si lo sé…–Ambos pusimos nuestras manos sobre el indicador y justo cuando estábamos por hacer la primera pregunta se escucho un auto estacionando en la vereda. Era mi mamá, no podía ver nada de lo que estábamos haciendo porque si no se enojaría muchísimo conmigo. Pero ¿Cómo hacíamos para esconder todo y que ella no se de cuenta? Ya no quedaba más tiempo, ella estaba a punto de entrar. Y misteriosamente no pudo abrir la puerta. Chad metió rápidamente todo dentro de la caja y la llevo a mi habitación en el piso de arriba lo más deprisa que pudo. Mientras el dejaba las cosas de mi abuela en un lugar seguro yo intentaba “ayudar” a mi madre a entrar. Ni bien Chad puso un pie en el piso de abajo la puerta se abrió y se sorprendió de ver que él no se había ido. Pero de todas maneras, le preguntó si quería quedarse para la cena. Él acepto cordialmente y en la primera oportunidad que tuvimos subimos, nos sentamos en el piso de mi cuarto y sacamos de vuelta las cosas de mi abuela. Era el primer paso hacia lo desconocido.

lunes, 9 de agosto de 2010

Capítulo 4 - Si Nos Peleáramos ¿Qué Pasaría Con Nuestra Amistad?




Después de la interesante confesión de Chad mi mente no podía dejar de pensar en él. No comprendía por qué, pero ahora había pasado a ser algo más en mi vida. Hace bastante tiempo él me había confesado su amor pero a esas alturas no lo amaba, por lo menos no de ese modo. De todas maneras Chad no quería estar conmigo, prefería ser mi amigo. Tenía miedo… miedo de perderme, si nos peleáramos… ¿Qué pasaría con nuestra amistad? Su miedo era entendible pero de todas maneras, cuando uno ama, corre riesgos por otra persona. En fin, no estoy segura de lo que siento por él ahora. Es todo demasiado repentino. Las cosas cambiaron, ya no somos niños pequeños. Una relación a los 13 años no es igual que una a los 17. ¿Estaba Chad dispuesto a correr riesgos por mí? ¿Cómo funcionaríamos mejor? ¿Cómo amigos? O ¿Cómo pareja? Esas preguntas dando vueltas en mi cabeza no me dejaban pensar en lo que en este momento era importante. Había un fantasma acechando y ninguno de nosotros tenía la más mínima idea de por qué lo hacía y mucho menos de porqué a nosotros ¿Acaso le habíamos hecho algo? Decidimos que la mejor manera de ayudarlo era conociendo su historia. Pensamos en preguntarle a la señorita Grissom pero para esto deberíamos esperar un día, y no sabíamos si teníamos tanto tiempo. Por lo tanto, pensamos que iba a ser mejor buscar en diferentes diarios on line información sobre su muerte. Nos llevo un largo rato encontrar la noticia puesto que no sabíamos su apellido. No había demasiado escrito sobre él. Aparentemente no se había descubierto que había pasado exactamente. Solo se sabía que había habido un incendio en su casa. El problema es que había demasiados posibles lugares iniciales y los investigadores no conseguían avanzar con la causa. A Chad se le ocurrió que cómo su tío es policía quizás tendría el archivo del caso. Entonces decidimos enviarle un correo electrónico, ya que vive al otro lado de la ciudad y era mucho más simple y económico que llamarlo por teléfono. Comenzamos a redactarlo pero cuando estábamos por la mitad de él se empezaron a borrar todas las letras
– ¿Qué estás haciendo Lizzie?
– Nada… Lo está haciendo la computadora…
– O Brian…-En la computadora apareció una palabra en negrita y de un tamaño un tanto excesivo. Para nuestra sorpresa esa palabra ya había aparecido antes… Podía leerse muy claramente la palabra Perdón. Chad y yo ya no sabíamos que hacer. Esto nos estaba volviendo locos… ¿Por qué Brian nos pedía perdón si nosotros no lo conocíamos? ¿O quizás estaba intentando decirnos algo con eso? ¿Por qué podría Brian pedir perdón? Me quedé pensativa por un rato hasta que Chad rompió el silencio entre nosotros…
– Lizzie… ¿Qué pasaría si esta fuera la última vez que nos viéramos?
– ¿Por qué habría de serlo…?
– Digamos que la situación de tener un fantasma persiguiéndonos sin razón aparente suena un poco terrorífico
– Sí, es cierto tienes razón…
– No has respondido a mi pregunta… ¿Qué pasaría si esta fuera la última vez que nos viéramos? – No contesté, no sabía que contestarle…
– Lizzie, contéstame… ¿Qué pasaría si esta fuera la última vez que nos viéramos?
– ¡No lo sé! –Le grité desde lo más profundo de mí ser… No quería hacerlo, pero no podía decirle lo que sentía por él. Y que si era la última vez que nos veíamos moriría sin saber lo mucho que lo amaba…
– De acuerdo, no debí habértelo preguntado… Lo siento –Chad se estaba yendo hacia la puerta de salida pero lo tomé del brazo y lo besé. Al principio no me devolvió el beso, creo que porque no esperaba que se lo diera. Pero luego me besó, me agarro fuertemente de la cintura y luego, cuando termino el beso me miro con una sonrisa estampada en la cara –Te amo… –Todo había sido tan raro… Nos conocíamos hacía tanto tiempo… ¿Cómo puede ser que no me haya dado cuenta antes?
-Yo también te amo…–Le contesté con dulzura y lo abracé.

domingo, 8 de agosto de 2010

Capitulo 3 - Me Dejó Sin Palabras

Después de revisar todos mis libros llegamos a la conclusión de que lo más probable era que fuese un fantasma. Si se suponía que eso debía ser un alivio, no lo era. Eso me provocaba aún más miedo del que tenía antes…
– Chad, tengo miedo…
– Como me gustaría decirte que yo no, pero no puedo mentirte… –Puse una cara de la que no estoy segura de su expresión. Porque dentro de mí las emociones estaban todas mezcladas, tenía miedo, tenía intriga, tenía ganas de salir corriendo, aunque sabía que no podía. La puerta estaba cerrada… ¿Seguía cerrada? Me dirigí hacia ella torpemente y traté de abrirla. Se abrió sin el más mínimo esfuerzo. Miré a Chad y él me sonrió durante una milésima de segundo, porque después su cara de preocupación volvió; yo simplemente no entendía nada.
– ¿Por qué esa cara?
– Simplemente siento que algo malo va a suceder… bueno, algo más
– Ojala que te equivoques… –Salimos sigilosamente de la habitación y la puerta se cerró tras nosotros, lo cual nos hizo pegar un salto y darnos vuelta. Repentinamente, sentí como si alguien estuviera tomándome de la cintura y empujándome para que caiga por la escalera. Comencé a perder el equilibrio y…
Cinco segundos después Chad me estaba abrazando y sosteniéndome para que no me caiga, yo simplemente lo miraba
– Creí que te perdía… – ¿Por qué Chad me hablaba así? ¿Era simplemente la histeria del momento o había más? ¿Podría ser? Después de todo… ¿Por qué habían peleado con Macy? Chad no había mencionado nada acerca de ello…
– ¿Te enojas si te hago una pregunta…?
– Eso ya es preguntar pero… sí no hay problema, pregunta lo que quieras…
– ¿Por qué te pelaste con Macy?
– Porque ella pensaba que la estaba engañando… con vos…
– ¿Conmigo? ¿Qué le hizo pensar eso? –Chad resoplo pero no dijo nada– Decime…
– Lizzie, es que… –No puedo terminar la frase porque todas las puertas comenzaron a abrirse y cerrarse descontroladamente. Al igual que las luces se prendían y se apagaban como las luces de un árbol de navidad. Él y yo nos quedamos quietos y sin saber qué hacer. Después de unos minutos todo volvió a la normalidad y nosotros nos dirigimos al piso de abajo, donde se encontraba la computadora. Teníamos que averiguar quién era nuestro fantasma. ¿Pero cómo? Miles de personas mueren por día. Después, teníamos que averiguar por qué nos perseguía a nosotros… “…y así fue, el martes por la mañana falleció” ” Las frías palabras de Madeleine volvieron repentina y dolorosamente a mí; en ese momento lo comprendí todo. O al menos eso creo…
– ¡Chad! ¡Ya sé quién es el fantasma! ¡Brian!
– ¿Cómo no se nos ocurrió antes? Bueno entonces ahora solo nos queda contactarnos con él ¿no?
– Lo decís como si fuera fácil…
– No seas pesimista, ¡Pensá que ya nos ahorramos un paso gracias a esa cabecita! –Él me agarró la cabeza y me dio un beso en la frente, ¿Por qué tenía que hacer eso? Ahora estaba más confundida que nunca…
– ¡Hay Chad…!
– ¿Qué te pasa? ¿Te molestó lo que hice? Perdoname… no quise…
– No es eso –Lo interrumpí– Es que… no entiendo nada,
– Lizzie, lo que te iba a decir antes es que… La razón por la que Macy pensó que la estaba engañando con vos es porqué… encontró un papel, en el que yo había escrito que no sabía qué hacer, porque creía que me estaba enamorando de vos… –Eso me dejo sin palabras.

Capitulo 2 - La Oportunidad Perfecta... La Unica... La Inimaginable


Traté de no pensar en las cosas que estaban sucediendo a las que se les daban explicaciones un tanto absurdas; como que mi estantería era muy vieja y por eso cayeron todos mis libros. Sinceramente, para creer eso debes ser muy ignorante y razonar que si mis libros cayeron porque la estantería era débil, hubieran caído los de todos los estantes, puesto que los libros más livianos se encontraban en el estante más alto; y también los más oscuros, no literalmente por supuesto, si no los que poseían el mayor contenido fantasmal, vampírico, metamórfico, etcétera. Eso dentro de las circunstancias del momento era escalofriante; y Chad no decía nada, supongo que las mismas cosas que pasaban por mi cerebro en ese momento estaban pasando por el de él también.
Por un lado, tenía miedo, de que por fin después de tanto cuestionamiento la realidad supere a la fantasía, de que todas las preguntas que alguna vez me hice pudieran contestarse con un simple hecho concreto; y por otro lado la idea de poder comprobarlo todo era tentadora, mucho más tentadora que un libro nuevo, era la oportunidad perfecta… la única… la inimaginable…
– Lizzie… ¿Tenés algo para tomar?
– Estaba pensando exactamente lo mismo… ¿Me acompañas? No sé porque, no quiero ir sola… Tengo un mal presentimiento
– Si… Bajemos… –Me dirigí hacia la puerta y Chad me siguió, Tomé el pomo de la puerta, pero éste no abrió… La desesperación invadió mi cuerpo y me heló completamente. Chad trató de abrirla pero se encontró en la misma situación que yo, solo que en vez de helarse me miró con miedo y dijo
– Por favor decime que cerraste la puerta con llave y se te olvidó –Yo lo miré con una mezcla de angustia miedo y desesperación y negué con la cabeza
– Lizzie… –Chad no pudo terminar lo que sea que iba a decir cuando comencé a llorar desconsoladamente, y fui cayendo al piso lentamente a medida que me sostenía de los brazos de mi mejor amigo. Él, una vez que yo estaba sentada agarrándome las piernas, se sentó junto a mí, me abrazó y me consoló lo mejor que pudo.
Cuando se me acabaron las lágrimas de tanto llorar lo mire a Chad y le dije
– ¿Qué hacemos ahora? –Pero Chad no llegó a contestarme porque en ese momento se escuchó un sonido irritante similar al que produce un pizarrón cuando se le arrastran las uñas encima. Ambos nos paramos velozmente y para sorpresa nuestra había una palabra escrita en mi espejo, como si alguien hubiera agarrado un objeto punzante y hubiera trazado en él, violentas líneas que formaban la palabra Perdón. Esto no hizo más que empeorar las cosas, ya que era la quinta cosa lógicamente inexplicable y la más aterradora de todas. Ya no había forma de decir “fue el viento”, “el estante está viejo”… y todas esas cosas que no tienen sentido en un contexto en el que suceden todas, una seguida a la otra. Ahora era el momento perfecto para entrar en pánico. El momento en el que supe que teníamos que hacer algo. Junto con Chad empezamos a revisar los libros que habían caído y a buscar circunstancias que aclararan lo sucedido o que tuvieran alguna relación con lo que acababa de pasar. Subrayábamos con lápiz todo lo que considerábamos importante aunque fuera solo ficción. Porque es éste caso; la realidad era muy superior al más escalofriante libro de ficción conocido por el hombre. Por fin había llegado. Mi oportunidad de descubrirlo todo. Y ahora que estaba aquí, lo único que deseaba era que se fuera.