domingo, 8 de agosto de 2010

Capitulo 2 - La Oportunidad Perfecta... La Unica... La Inimaginable


Traté de no pensar en las cosas que estaban sucediendo a las que se les daban explicaciones un tanto absurdas; como que mi estantería era muy vieja y por eso cayeron todos mis libros. Sinceramente, para creer eso debes ser muy ignorante y razonar que si mis libros cayeron porque la estantería era débil, hubieran caído los de todos los estantes, puesto que los libros más livianos se encontraban en el estante más alto; y también los más oscuros, no literalmente por supuesto, si no los que poseían el mayor contenido fantasmal, vampírico, metamórfico, etcétera. Eso dentro de las circunstancias del momento era escalofriante; y Chad no decía nada, supongo que las mismas cosas que pasaban por mi cerebro en ese momento estaban pasando por el de él también.
Por un lado, tenía miedo, de que por fin después de tanto cuestionamiento la realidad supere a la fantasía, de que todas las preguntas que alguna vez me hice pudieran contestarse con un simple hecho concreto; y por otro lado la idea de poder comprobarlo todo era tentadora, mucho más tentadora que un libro nuevo, era la oportunidad perfecta… la única… la inimaginable…
– Lizzie… ¿Tenés algo para tomar?
– Estaba pensando exactamente lo mismo… ¿Me acompañas? No sé porque, no quiero ir sola… Tengo un mal presentimiento
– Si… Bajemos… –Me dirigí hacia la puerta y Chad me siguió, Tomé el pomo de la puerta, pero éste no abrió… La desesperación invadió mi cuerpo y me heló completamente. Chad trató de abrirla pero se encontró en la misma situación que yo, solo que en vez de helarse me miró con miedo y dijo
– Por favor decime que cerraste la puerta con llave y se te olvidó –Yo lo miré con una mezcla de angustia miedo y desesperación y negué con la cabeza
– Lizzie… –Chad no pudo terminar lo que sea que iba a decir cuando comencé a llorar desconsoladamente, y fui cayendo al piso lentamente a medida que me sostenía de los brazos de mi mejor amigo. Él, una vez que yo estaba sentada agarrándome las piernas, se sentó junto a mí, me abrazó y me consoló lo mejor que pudo.
Cuando se me acabaron las lágrimas de tanto llorar lo mire a Chad y le dije
– ¿Qué hacemos ahora? –Pero Chad no llegó a contestarme porque en ese momento se escuchó un sonido irritante similar al que produce un pizarrón cuando se le arrastran las uñas encima. Ambos nos paramos velozmente y para sorpresa nuestra había una palabra escrita en mi espejo, como si alguien hubiera agarrado un objeto punzante y hubiera trazado en él, violentas líneas que formaban la palabra Perdón. Esto no hizo más que empeorar las cosas, ya que era la quinta cosa lógicamente inexplicable y la más aterradora de todas. Ya no había forma de decir “fue el viento”, “el estante está viejo”… y todas esas cosas que no tienen sentido en un contexto en el que suceden todas, una seguida a la otra. Ahora era el momento perfecto para entrar en pánico. El momento en el que supe que teníamos que hacer algo. Junto con Chad empezamos a revisar los libros que habían caído y a buscar circunstancias que aclararan lo sucedido o que tuvieran alguna relación con lo que acababa de pasar. Subrayábamos con lápiz todo lo que considerábamos importante aunque fuera solo ficción. Porque es éste caso; la realidad era muy superior al más escalofriante libro de ficción conocido por el hombre. Por fin había llegado. Mi oportunidad de descubrirlo todo. Y ahora que estaba aquí, lo único que deseaba era que se fuera.

1 comentario:

  1. Ohh pobre fantasma esta arrepentido!!!
    ¿Pero por que a los chicos y no a su prometida?
    ¿Quizas no es el prometido?

    Pobrecitos... por lo menos se tiene el uno al otro para consolarse!!

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